La Archicofradía de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, María Santísima de la Encarnación y Asunción es una de las más antiguas de nuestra ciudad. Las primeras referencias documentadas como hermandad pasionaria se remontan a los inicios del siglo XVII. En 1601 ya estaba erigida con bula apostólica en la iglesia de Santa María de la ciudad de Lorca.
A lo largo de su historia, la cofradía atravesó periodos de esplendor y decadencia. En 1764 fue restablecida con nuevas constituciones aprobadas por el Tribunal de Causas Pías y, en 1789 recibió un importante impulso gracias al párroco de Santa María, D. José Fermín Mancebo. Destaca en su historia el hermanamiento con la Archicofradía de la Resurrección de Roma, de ahí que adoptara la denominación de archicofradía.
El cambio de siglo marcó un momento crucial en la archicofradía con la realización de la nueva imagen de Nuestro Señor Jesús Resucitado. La cofradía encargó a Roque López la talla quien la esculpió en agosto de 1800 y la finalizó en marzo de 1801 por un precio de 2.500 reales, procesionando ese año por primera vez por las calles de Lorca. En la Guerra Civil la archicofradía sufriría la perdida la Virgen de la Encarnación y de la Asunción. Tras la contienda civil, la imagen de la Encarnación fue realizada en 1941 por José Jerique Chús.
La cofradía tiene su sede en la antigua Colegiata de San Patricio. Popularmente, la imagen de Jesús Resucitado es conocida como “el Palero”, debido a que su capilla en Santa María se encontraba junto a unas palas o chumberas. Esta circunstancia, además de la propia posición de la figura, ayudó a que se salvara de la destrucción durante los trágicos sucesos de julio y agosto de 1936.
El ciclo procesional de la Semana Santa de Lorca culmina cada año el Domingo de Resurrección con la solemne procesión de la Archicofradía de Jesús Resucitado. Desde la Colegiata de San Patricio, la imagen de la Santísima Virgen de la Encarnación se encuentra con su hijo resucitado en el centro de la plaza de España entre cánticos de aleluya.

A hombros de sus archicofrades la imagen del Señor Jesús Resucitado recorre las calles más emblemáticas de Lorca entre pétalos de flores, aleluyas y una atmósfera de alegría, proclamando con júbilo la gran noticia de la resurrección, centro del misterio pascual y de la historia del cristianismo.

